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Capítulo 1  
En las calles de la pequeña ciudad amurallada dirigida por los 7, la mismísima élite 
de Central, los usuarios más poderosos de las habilidades otorgadas por la 
fragmentación de la partícula de Dios. En estas calles se encuentra un joven causando 
lo que para él es nada más que una simple travesura. Este joven es Abaddon, un 
cazarrecompensas. En cuanto a su travesura, resulta que a Abaddon le pareció 
divertido embriagar a sus compañeros cazarrecompensas, para de esa forma él poder 
llevarse la gloria de su siguiente “misión”.  
Mientras recorría las calles, no se olvidó de comprar provisiones; el ambiente fuera de 
las murallas suele ser bastante hostil.  
Abaddon se acercó a la cabina de inspección de la puerta norte. Esta se encontraba 
custodiada por dos hombres; Abaddon no tenía una muy buena impresión de ellos. 
Sobre todo por las palabras de Mia, la guardia de la puerta sur. Mia suele usar el 
atuendo popularizado por los 7, una camisa blanca y pantalones negros; en cambio, 
estos dos guardias usaban armaduras de metal divino, como si quisieran presumir 
sobre su riqueza. 
—Vaya, pero si es Abaddon, ¿hoy no te acompañan papi Fox y mami Eleanor? —dijo 
uno de los guardias mientras el otro disimulaba su sonrisa. 
—Ja, ja, qué gracioso —dijo Abaddon con sarcasmo.  
Abaddon procedió a mostrarle los papeles aprobados por Central; los guardias le 
echaron una simple mirada y activaron la palanca. Entonces un temblor sacudió la 
tierra, los enormes engranajes comenzaron a funcionar y la enorme puerta de más de 
10 metros comenzó a abrirse. Abaddon parecía visiblemente enojado, pero no dijo 
nada por el momento, y procedió a salir por la puerta.  
Una vez fuera y la puerta ya cerrada, Abaddon comenzó a quejarse de los guardias.  
—¿Qué les pasa a esos tipos? ¿Acaso no saben que antes de abrir la puerta deben 
asegurarse de que no haya invasores de fuera? Ya veo por qué Mia habla tan mal de 
ellos.  
Abaddon se calmó y procedió a ponerse una capa para protegerse de los fuertes 
vientos que azotan fuera de las murallas.  
Si bien esta era la primera “misión” de Abaddon en solitario, debido a que sus 
camaradas se encontraban borrachos gracias al mismo Abaddon, cabe destacar. 
Abaddon se sentía seguro; poseía la ubicación exacta del criminal al que debía 
capturar, y gracias al mapa de Fox no se perdería.  
Pasaron 2 horas y Abaddon ya se había cruzado con casas destartaladas cubiertas de 
enredaderas y musgo; por suerte, no se encontró con habitantes de fuera de las 
murallas. Abaddon pensó que tal vez se deba a las enredaderas afectadas por la 
partícula de Dios; además de tener vida propia, se regeneran y las convierten en un 
peligro real. 
—Este debe ser el lugar, la antigua iglesia —dijo Abaddon.   
La antigua iglesia se encontraba en un estado precario; sin embargo, de alguna manera 
parecía limpia.  
Abaddon procedió a entrar a la iglesia; al momento de entrar, sintió cómo el aire a su 
alrededor cambiaba y pudo ver que a varios metros se encontraba un hombre 
corpulento rezando ante una estatua desfigurada de lo que debió ser Dios. Abaddon no 
se atrevió a interrumpirlo. Después de cinco largos minutos, el hombre se giró y 
Abaddon se estremeció; la mirada del hombre irradiaba locura. El hombre miró a 
Abaddon y dijo:  
—No puedo creerlo, Central debe estar jugando conmigo; esperaba encontrarme con 
el famoso Fox o el relámpago Eleanor y en cambio envían al chico sin brazo —dijo el 
hombre, aparentemente decepcionado.  
Abaddon simplemente lo ignoró, pues tenía razón; él mismo no era lo suficientemente 
famoso aún.  
—Perdón por decepcionarte, Vandal —dijo Abaddon, pronunciando el nombre del 
hombre.  
—Ja, ja, ja, veo que mi fama me precede.  
—No te creas tanto, para Central no eres más que un criminal de rango B —dijo 
Abaddon.   
Después de escuchar las palabras de Abaddon, Vandal pareció enfadarse.  
—De hecho, es increíble que hayas podido infiltrarte en las murallas y robar nuestros 
bienes; lo más seguro es que un pez mucho más gordo te esté usando como su peón... 
—dijo Abaddon intentando que Vandal revelara algo sobre su actuar.  
En cambio, lo que vio fue el rostro de Vandal empapado en sudor.  
—No puede ser, trate de no dejar rastros; si él descubre que lo eché a perder, me 
matará. No, si logro matar a este enclenque, él nunca se enterará —dijo Vandal 
agitado.   
La actitud agitada de Vandal sorprendió a Abaddon.  
Vandal logró calmarse y entonces tomó la decisión: mataría al chico sin brazo frente a 
él.   
Vandal comenzó a correr; junto a cada zancada que daba, el suelo de la antigua iglesia 
se agitaba y logró conectar una tacleada en Abaddon. Este sintió como si una 
locomotora lo hubiera impactado y salió volando como un muñeco de trapo.  
—Agh, maldita sea, no debí subestimarlo.  
En estos momentos, Abaddon recordó que, al leer los documentos sobre la habilidad 
de Vandal presentados por Central, su habilidad le parecía trivial. Abaddon acaba de 
recibir un potente golpe de un hombre con un esqueleto de acero.  
Vandal se acerca, generando un retumbar en el piso; cuando estaba a punto de 
aplastar la cabeza de Abaddon, este logró dar una vuelta sobre sí mismo y logró 
pararse; ya no era momento de juegos.   
Abaddon procedió a utilizar su habilidad; en la zona donde una vez se encontró su 
brazo, ahora se encontraba un flamante brazo de metal del color de las llamas; sobre 
su otro brazo se encontraba un guantelete de color esmeralda. Abaddon nombró a su 
habilidad Maximum Gauntlet.  
Vandal reconoció que en estos momentos matar al chico no sería tan fácil.  
Abaddon y Vandal intercambiaron golpes, los pesados puños de Vandal contra el puño 
esmeralda impulsado por el viento y el puño de llamas.  
.  
.  
.  
.  
Después de una cruenta batalla, Abaddon logró ser el vencedor.  
Cansado, Abaddon se tiró al suelo.  
—Veo que terminaron.   
Al escuchar esa voz, Abaddon comenzó a sudar frío; moviéndose con dificultad, logró 
ver al dueño de esa voz. El hombre usaba una camisa de fuerza y un casco con forma 
de cúpula alargada; de ese casco se asomaba su ojo inyectado en sangre. Si bien es 
diferente de como lo recuerda, Abaddon jamás olvidará esa voz.  
—¡KAAIISEER!  
Abaddon comenzó a sentir furia con tan solo verlo, pero también un enorme 
sentimiento de miedo.  
—Vaya, veo que me conoces; por desgracia para ti, yo ni siquiera me acuerdo de 
basura como tú.  
El cuerpo de Abaddon comenzó a temblar.  
Kaiser se acercó al derrotado Vandal y comenzó a negar con la cabeza. Acto seguido, 
agitó uno de sus brazos y el cuerpo de Vandal comenzó a retorcerse. Abaddon sabía 
que la habilidad de Kaiser le permitía manipular los metales, pero aun así no podía 
creer lo que le estaba haciendo al cuerpo de Vandal. En unos segundos, el cuerpo de 
Vandal estaba doblado en una posición en la que ningún ser humano con vida pudiera 
lograr. Kaiser lo asesinó.  
—Bien, ahora sigues tú.   
—¡...!  
Kaiser comenzó a mover todos los metales cercanos, ya sean candelabros, vigas, etc.  
Abaddon se quedó paralizado; sabía que este sería su fin. Solo pudo decir.  
—¿Por qué?  
—Preguntas, ¿por qué? Quizás la respuesta sea porque todos ustedes son meros 
juguetes en mi caja de arena —dijo Kaiser desinteresadamente.  
Abaddon se preparó para recibir el impacto; en cambio, sintió cómo tomaban de él y lo 
sacaban de la antigua iglesia. Fue arrastrado lo suficientemente lejos como para dejar 
muy atrás la antigua iglesia. Cuando se detuvo, comenzó a vomitar; su estómago se 
revolvió por todo ese agitamiento.  
Después de vomitar dijo.  
—Gracias, Eleanor.  
No tuvo que mirarla para saber que quien lo salvó era su camarada Eleanor.  
—Sabes que recibirás un fuerte regaño por parte de Fox y por mi parte también, lo 
sabes, ¿no? —dijo Eleanor enfadada.   
—Sí, creo que me lo merezco.   

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